Lamentable, pero cierto: la política y la función pública son, quizá, de las actividades que mayor deterioro y descrédito han experimentado a lo largo de los años.
Ya casi no existen aquellos políticos íntegros, hombres de
una pieza que entregaban la vida por defender sus ideales y, sobre todo, por
ayudar verdaderamente a quienes más lo necesitaban.
Ahora esos personajes escasean y abundan los vividores de la
política; aquellos que van donde hay más dinero, más privilegios y, sobre todo,
donde les garanticen una larga permanencia en el cargo para vivir del
presupuesto sin demasiado esfuerzo.
Son los que creen merecerlo todo. Los mismos que, mientras
están bien “maiceados”, viven en el sometimiento y la mansedumbre, obedeciendo
sin chistar.
Pero, ¡ah!, cuando se les acaba el hueso ponen el grito en
el cielo. Entonces sí aparecen los discursos de dignidad, las denuncias de
traición y hasta son capaces de vender el alma al diablo con tal de conservar
sus privilegios.
La corrupción y la opacidad que imperan en las altas esferas
de la política mexicana han contribuido, en buena medida, a la pérdida de
valores y principios. Hoy parece que el que más roba, el que más engaña y el
que mejor se acomoda es el que más avanza.
Hay políticos en activo que viven como auténticos reyes.
Algunos cobran como maestros de tiempo completo, ocupan cargos en alguna
dependencia y, además, reciben jugosos salarios y prestaciones como diputados o
senadores de la república.
Para millones de mexicanos que tienen que trabajar jornadas
completas para medio vivir, semejantes privilegios resultan, cuando menos,
ofensivos.
Y nombres hay muchos.
Morenistas, emecistas, panistas, priistas y de todos colores
que abandonan el barco cuando el partido que durante algún tiempo les dio
cobijo deja de ceder a sus chantajes. Porque cuando los privilegios se
convierten en costumbre, desprenderse de ellos los hace perder la razón y hasta
el buen juicio.
No aceptan vivir como asalariados, como lo hacen millones de
mexicanos que sí trabajan todos los días para salir adelante.
Por eso buscan como no soltar sus privilegios y mientras el
partido de moda siga ofreciendo espacio, poder y posibilidades de permanencia,
seguramente veremos una nueva migración de cuadros hacia MORENA No
necesariamente por convicción, a veces, simplemente es por conveniencia.
Y como si lo anterior fuera poco, la posibilidad de la
reelección de algunos cargos públicos en el 2027 particularmente abrirá un
nuevo frente de conflicto para los partidos políticos.
Porque algunos personajes, aunque no hayan hecho gran cosa,
ya se sienten con los suficientes merecimientos para repetir en el encargo y
varios ya levantaron la mano, lo preocupante no es que quieran repetir.
Lo verdaderamente preocupante es que algunos pretendan
hacerlo sin haberle demostrado a sus ciudadanos que merecen una segunda
oportunidad.
Basta con preguntar en algunas partes si la gente ha sido
realmente favorecida con alguna gestión, si ha recibido respuesta a sus
necesidades o si han estado cerca de la ciudadanía.
La respuesta, en muchos casos, parece ser inequívoca:
aparecen en los eventos, sonríen para la fotografía, cortan el listón, levantan
la mano y desaparecen.
Del trabajo cotidiano, de la gestión y de resolver
problemas, poco o nada.
¡Ah!, pero eso sí: quieren repetir como si fueran los únicos
con méritos suficientes para seguir cobrando sus jugosas dietas.
La reelección, entonces, no debería convertirse en premio
por haber ocupado un cargo, debería ser una consecuencia del trabajo realizado,
porque una cosa es querer repetir y otra muy distinta haber hecho méritos para
hacerlo.
Y como dijo el filósofo:
“Andamos cómo andamos porque somos lo que somos.”
Y así seguiremos mientras la política continúe siendo para
algunos un negocio personal y no un verdadero servicio público.
#LaHistoriaSigue
Mentas y mentadas.- una_299@hotmail.com

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